El momento en que la científica Dibiasky pierde la paciencia frente a una cámara y nos encara directamente, es o debería ser doloroso: el mito de Casandra tan palpable en nuestra cotidianidad es una tragedia tan absurda que da para reír de miedo, porque nos da cuenta de que por contradictorio que parezca, lo más surreal es la realidad, porque ahora Casandra no es solamente una y ni siquiera es una vidente, porque no hace falta que lo sea; en el país de los ciegos el tuerto es rey y lamentablemente ya no es solo un país, sino que varios. Lo que llaman la técnica del avestruz, ya no afecta individualmente a quienes lo padecen, sino que nos pone en peligro como sociedad y esto ya hace varios años, pero entre más se acerca “nuestro cometa”, más hondo escondemos la cabeza para no mirarlo. Don’t look up nos muestra lo que ya vemos a nuestro alrededor, pero no hay que engañarse, la literalidad de la narrativa de la película no la acota a una crítica a Trump y sus clones, a los negacionistas ...