El momento en que la científica Dibiasky pierde la paciencia frente a una cámara y nos encara directamente, es o debería ser doloroso: el mito de Casandra tan palpable en nuestra cotidianidad es una tragedia tan absurda que da para reír de miedo, porque nos da cuenta de que por contradictorio que parezca, lo más surreal es la realidad, porque ahora Casandra no es solamente una y ni siquiera es una vidente, porque no hace falta que lo sea; en el país de los ciegos el tuerto es rey y lamentablemente ya no es solo un país, sino que varios. Lo que llaman la técnica del avestruz, ya no afecta individualmente a quienes lo padecen, sino que nos pone en peligro como sociedad y esto ya hace varios años, pero entre más se acerca “nuestro cometa”, más hondo escondemos la cabeza para no mirarlo. Don’t look up nos muestra lo que ya vemos a nuestro alrededor, pero no hay que engañarse, la literalidad de la narrativa de la película no la acota a una crítica a Trump y sus clones, a los negacionistas de moda o a cualquiera de los movimientos dispersos y sectarios que cada uno quiera ver, es un problema transversal muy bien ejemplificado con ese perro sobre el gallo que vemos en la película y en nuestro celular, que está presente en nuestra vida desde el momento en que lo preferimos antes de reclamar por nuestro horario laboral, cuando preferimos verlo antes que mirar en las bases de nuestros problemas emocionales y por supuesto antes de ver los grandes problemas que nos afectan como planeta.
Liberando tensiones
Hay algo con el humor hollywoodense que me preocupa. Hay un extraño desdén hacia el género del que pocos se salvan. El humor es un arma de reflexión poderosa, pero me da la sensación (y estoy especulando), que ciertas decisiones, como las escenas post créditos, atentan contra el fondo de la película. Se me ocurren casos de un dominio de genero magistrales como Parásitos (2019), en que el descenso de la comedia a la tragedia se expone magistralmente, pero del que no volvemos, por respeto a lo que se ha logrado durante la película; pero en este caso los chistes, tras el cierre de la película, aunque buenos (me reí arto con el del pájaro), resultan en algo como “ya, no nos pongamos graves tampoco, si esto es una película”, lo que de alguna forma la deja caer en la misma frivolidad que en el programa en el que exponían los científicos.
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